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domingo, 11 de octubre de 2015

De las selfies en los museos: a la caza de la nueva generación

En mis últimas visitas a museos, se me ha ido haciendo cada vez más perturbadora esa costumbre pseudo-documentalista de algunos asistentes, sobre todo los más jóvenes, de tomarse selfies al lado de cada obra. Algunos ni siquiera parecen apreciar la obra en cuestión: sólo extienden el brazo, toman la selfie, y siguen su camino. Es evidente que la forma de disfrutar el arte ha cambiado en los últimos años, porque el público mismo ha cambiado, y su comportamiento así lo confirma. Después de todo, pensarán algunos, ¿para qué ir al museo si no puedo publicarlo en las redes sociales? Lo mismo ocurre con otros espacios públicos, desde restaurantes hasta boliches, pasando por plazas, lugares de interés turístico y recitales. En esta era de Internet, cuando es tan difícil sacar a un joven de su casa para interactuar en espacios reales, los museos también se han visto en la difícil tarea de reinventarse para atraer a una nueva generación de espectadores.

En este afán por hacerse de una nueva y más amplia audiencia, los museos han recurrido a la incorporación de manifestaciones artísticas que puedan resultar más atractivas para el público joven. Es así como en los últimos años hemos podido ver personajes de la cultura popular, como cantantes, diseñadores de moda, directores de cine, etc., ser objeto de exposiciones retrospectivas en los grandes museos. Vienen a la mente, por ejemplo, las recientes exposiciones en honor a Alexander McQueen en el Metropolitan Museum de Nueva York, a Tim Burton en el MoMA, o a Björk también en el MoMA, sólo por mencionar algunos que además de ilustrar el punto han establecido récords de visitantes.

Este coqueteo con la cultura popular, sin embargo, podría interpretarse como un alejamiento del museo de sus funciones clásicas. Pero es una realidad ineludible que, con el cambio social, debe sobrevenir un cambio institucional que lo refleje. Así lo entiende Luis Grau Lobo, Director del Museo de León: "Los museos ya no son lo que eran. Porque no otra es su condición sino la de reflejar y responder a una sociedad que tampoco es la misma, que tampoco piensa sobre sí y sobre su pasado lo mismo, que ni siquiera se comporta respecto a los museos de la manera en que lo hacía cuando concibió estos como manera de perpetuarse" (1).

Es, entonces, una cuestión de supervivencia. Los museos son parte de un mundo que se ha complejizado, y aunque suene a perogrullada, hoy más que nunca es el dinero el que mueve el funcionamiento de las instituciones. Por ello, en lugar de apegarse a una ortodoxia nostálgica, el museo se ha visto en la obligación de comportarse como empresa, con gestiones mensurables en términos de número de visitantes, recaudación de taquilla, venta de artículos en tienda, y otros compilados de números y estadísticas que amenazarían con aplastarlos si se ponen de espaldas a las dinámicas sociales.

Son estos los mismos motivos que han impulsado a los grandes museos a buscar casi con desesperación la atención de la nueva generación de inversionistas. Como explica Ford W. Bell, presidente de la Alianza Estadounidense de Museos, "El donante tradicional está muriendo, acortando donaciones, o delegando sus funciones en sus hijos o nietos. Ese cambio generacional es algo de lo que muchos museos han estado hablando" (2). Es por esto, por ejemplo, que el Museo Guggenheim ha establecido un Consejo de Jóvenes Coleccionistas, ofreciendo una gala anual para desplegar su capacidad de mantenerse "en onda" ante la nueva generación de la clase acomodada. No es poca la competencia que tienen: los estudios del Fondo Nacional para las Artes (NEA, por sus siglas en inglés), han concluido que la generación del Baby Boom (los nacidos durante la década del '70), que controla más del 70% del presupuesto destinado a donaciones en los Estados Unidos, tiene otras prioridades filantrópicas, relacionadas con la asistencia social más que con las causas artísticas.

Ante este panorama, resulta absolutamente comprensible que los museos apelen no sólo a la cultura popular, sino también a la participación de los espectadores en las redes sociales, promoviendo hashtags para Twitter, por ejemplo, o estimulando al público a tomarse selfies para compartir en Instagram y otras redes. Indudablemente son necesarios nuevos estudios más profundos sobre la generación de sentido desde la instancia de recepción en el ámbito de las artes, considerando que estos cambios son tan recientes como significativos. E invariablemente seguiremos existiendo algunos a quienes nos seguirá pareciendo una costumbre degradante y perturbadora, pero tal parece que tendremos que aprender a mordernos la lengua.

___________________

(1) GRAU LOBO, Luis. "Museo, globalización y otros cambios climáticos: ensayos sobre sus derivas", en Revista museos.es No. 5-6 (2009-2010). Madrid, Ministerio de Educación, Cultura y Deportes.
(2) Citado por GELLES, Davis. "Asombrando a una nueva generación de patrocinadores de museos", en The New York Times (19 de marzo de 2014), Nueva York.



domingo, 7 de octubre de 2012

Bipolar Caracas


Caracas verde, salvaje, exuberante.
Caracas miserable, ruidosa, apurada. Todos tienen prisa. Todos quieren llegar primero. ¿A dónde? ¿A qué?
Caracas renovada, creciendo hacia arriba, hacia abajo, hacia los lados.
Caracas venida a menos, corazón roto y palpitante.
Caracas sin libertad de movimiento ni de nada, me has alienado a más no poder.
Caracas deliciosa, cálida, joven, me has enamorado como nunca imaginé.
Vibras en mis venas, Caracas, para bien y para mal: con rabia, con excitación, con tristeza, con miedo, con amor profundo, con dolor inenarrable.
Ganas intensas de llorar todo el tiempo, Caracas: contigo, por ti, por tu culpa y gracias a ti.
Caracas hambrienta. Caracas llena de sabor. Olor a lluvia, a tierra, a selva, a trópico, y a mierda.
Caracas, madre desalmada que devoras a tus hijos.
Caracas de mi pasado, laberintos de la memoria, recuerdos vívidos de ayer.
Caracas, ciudad borrada, derribada y vuelta a construir, recuerdos barridos, lavados, heridos, destruidos, oxidados, enterrados.
Caracas, destino por nacer.
Me voy, Caracas. Me voy. No quiero volver.
Me voy, Caracas, y ya te extraño.
Adiós, Caracas.
Con mi hogarcito a cuestas y el corazón hecho trizas, sigo llorando: contigo, por ti, por tu culpa y gracias a ti.
Te odio, Caracas. Te amo.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Novedades en el frente

Mi intención no era hablar de esto, pero por el título no pude dejar de contar una anécdota. Tenía yo unos seis años, y como buen gordito, detestaba ir a la clase de natación. "Detestar" tal vez no sea el verbo correcto, porque mi sentimiento hacia cualquier actividad deportiva era algo más intenso, visceral y profundo, mezcla de odio, rabia y terror. Pero a falta de otro verbo, utilicemos "detestar". El asunto es que siempre que debía ir a clases de natación, cualquier excusa, consciente o inconsciente, era buena para escabullirme. 

Un día olvidé que me correspondía ir a la piscina (lo juro, lo olvidé, no fue a propósito), y tomé el transporte escolar a mi casa. Al llegar, me extrañó enormemente que mi mamá no estuviese esperando en la puerta como de costumbre. Obvio, la pobre estaba en la piscina del colegio, tal vez desesperada pensando que alguna calamidad habría prevenido mi llegada. Toqué muchas veces el timbre de casa, y nadie contestó. Fue entonces cuando mi vecino, un señor muy amable que hasta ese momento yo no conocía y que tenía una hija espantosa de mi misma edad, preocupado al verme solo y al borde del llanto, sugirió llevarme a su casa mientras esperaba a mamá, y colocar una nota en la puerta para que ella supiera dónde encontrarme. Obedecí inocentemente, más porque no tenía otra opción que por mi proverbial respeto a los mayores. No me vengan con aquello de no hablar con extraños y mucho menos seguirlos a su casa, que después de esta experiencia bastante me lo recalcaron. Tampoco vayan a creer que en la casa del vecino ocurrió algo traumático, porque no fue así (bueno, asumiendo que compartir unos minutos con la hija horrenda del vecino no califica como traumático). 

Lo que ocurrió fue bastante tonto, pero no menos memorable. El vecino me dio lápiz y papel para que escribiese la nota con mi propia letra, y me dictó el mensaje que debía escribir: "Estoy en el frente". De nuevo obedecí, pero con algo de horror: "el frente" era algo que yo conocía muy bien por prematura exposición a la teleserie Candy Candy. "El frente" era donde se desarrollaba la guerra horrible en la que Candy era enfermera, donde Archie moría en un accidente aéreo y donde Candy se reencontraba con Albert luego de que una explosión nefasta lo dejara amnésico y, creo recordar, temporalmente ciego. Si bien yo entendía que la nota también podía interpretarse como que me refería a la casa del vecino, en mi imaginación paranoica infantil (sí, he sido paranoide desde que tengo uso de razón), mi dulce madrecita seguramente pensaría que no había ido a natación porque me habían mandado a la guerra. Afortunadamente, justo en el momento en que colocaba la nota en la puerta de mi casa, mamá llegó, angustiadísima y vuelta un mar de llanto, pero muy aliviada de verme ahí. Desde entonces, cada vez que veo o utilizo la expresión que titula esta nota, recuerdo ese episodio de mi infancia.

Pero tal como señalé al principio, no era ese mi tema de hoy. Mis digresiones son cada vez peores, parece. Lo que hoy me atañe es aprovechar el primer día de la primavera para comentar algunas de las cosas que han ocurrido desde mi última nota. De más está decir que fallé una vez más en mi promesa de intentar ser más consecuente en mis actualizaciones, pero tal como mencioné la vez anterior, no puedo regir mi vida por las expectativas de los demás en cuanto al cumplimiento de mis compromisos (¡BUAJAJA! Descarado irresponsable que soy). 

¿Y por qué valerme del primer día de primavera? Pues bien, hace algunos días, aprovechando la subida de temperatura que comenzó a sugerir el fin del invierno, salí a patinar como tenía meses sin hacer. La sensación fue indescriptible, una vorágine de energía física, mental y anímica cercana al éxtasis. Comprendí, entonces, que el invierno me tenía algo amodorrado, y que va siendo hora de soltar la frazada y emprender acción. Ahora siento tener una renovada disposición a hacer cosas (incluyendo retomar el blog), y la verdad no podría asegurar que exista alguna relación con el clima, la astrología o el fin del mundo, pero me pareció apropiado comenzar (o expresarlo) justamente hoy.

Como pueden ver, vuelvo a divagar. Muy a pesar de ese estado adormilado en el que me atrapó el invierno, tampoco puedo decir que estuve hibernando. Estos fríos meses también me dejaron un importante número de revelaciones sobre mí mismo, mi naturaleza y mis próximos pasos, pero no es mi intención aburrir a nadie con un recuento esquemático de iluminaciones bastante difíciles de explicar sin lanzarme a mayores y más profundas digresiones. Baste decir que me siento muy bien. Amo esta ciudad, y estoy disfrutando enormemente explorar la naturaleza humana, a través de mis nuevos amigos, de los que ya tenía y siguen presentes, de los extraños, y sobre todo de mí mismo (que ya bastante enrevesado soy). Veremos qué trae la primavera.


miércoles, 16 de mayo de 2012

De vuelta, desde Buenos Aires - y reflexionando sobre cosas aparentemente obvias


He estado posponiendo el sentarme a escribir sobre todo lo que he vivido en los meses pasados, a ciegas del por qué. En varias oportunidades he pensado que se debe a una manía hasta ahora no escudriñada de procrastinar. Sin embargo, creo haberme dado cuenta hoy de que en realidad no es una razón tan fortuita. Hay algo más. Y me he dado cuenta de que no sólo he estado posponiendo escribir, sino también muchas otras cosas de importancia, todas por la misma razón: una ansiedad social que me ha estado consumiendo por años. Sí, tal vez más de uno entre quienes me conocen levantará una ceja sin querer dar crédito a lo que digo, aunque me he cansado de repetirlo: soy, en esencia, tímido. Pero no acaba en mera timidez lo mío, no vayan a creer. Soy también profundamente inseguro, y uno de mis mayores temores es decepcionar a alguien -a quien sea-. Y ese temor a decepcionar salpica e invade cualquier actividad, desde escribir en mi propio blog hasta vivir como se me antoje, obligándome a pensar quince veces antes de escribir cada palabra para terminar no escribiendo nada, y lo mismo con todo.

Parece una idiotez, pero hasta hoy me doy cuenta. Hasta ahora he venido enmascarando esa timidez, esa inseguridad y ese terror irracional a decepcionar a los demás tras una extroversión forzada y auto-impuesta. No sé si he tenido éxito, la verdad a ratos pienso que sólo he logrado ser percibido como arrogante y, en último término, como alguien insoportable, pero eso ya es otro asunto. Lo que me atañe en este momento es explorar el por qué de esos miedos, el por qué han tomado control de semejante manera. Inevitablemente, cuando uno se enfrenta a un descubrimiento de estas dimensiones (no se rían, para mí realmente es un descubrimiento grande, muy grande), lo primero que viene a la mente es rebobinar, irse tan atrás como sea posible para ver dónde empezó la tortura auto-infligida. Obvio, lo más rápido es retroceder hasta la infancia y echarle la culpa a los padres.

¡Uy! ¿Pero en qué me estoy metiendo? Ya voy a empezar a hablar de pasados remotos (bueno, ni tan remotos) que no pueden ser analizados de manera objetiva. Ya voy a empezar a hablar de cómo mi papá pretendía que yo fuese perfecto (por aquello de que Cristo dijo que uno debía ser perfecto como el Padre celestial es perfecto), y de cuántas lágrimas me sacó -y, supongo, de alguna manera me sigue sacando- por no serlo. O voy a asirme de mi educación católica (que no requiere mucha explicación para que entienda el mundo cualquier sentimiento de culpa posible, en esta vida y al menos cinco vidas futuras). Ya voy a empezar a buscar el culpable... Esta ruta es peligrosa, y para ser honesto conmigo mismo, muy injusta. Es tan simple como entender que mi papá es, ni más ni menos, un ser humano. Tan imperfecto como yo. Eso es algo que entendí bastante temprano en la vida, así que no puedo caer a estas alturas en la soberana ridiculez de echarle la culpa de mis temores actuales. Lo mismo va con el catolicismo, del que tomé lo que me sirvió y me sirve y evidentísimamente deseché lo que no.

¿Por dónde sigo? El pasado no parece un buen lugar. Y ahora que lo escribo (¡caramba! esto de escribir de verdad puede ser revelador y catártico), creo que otro de mis males, que obviamente refuerza la ansiedad social, es que sobre-analizo TODO. ¿Qué hago yo buscando el por qué? ¿Qué gano? No voy a resolver esto rápido si me estanco en buscar razones que luego yo mismo voy a rebatir con argumentos aparentemente racionales (aunque tal vez muy en mi interior sepa que de racionales no tienen nada). ¿Qué ruta transitar? Creo que lo más sano, para mí y para ustedes (que ya deben estar aburridos de tanta ida y vuelta), es que comience por el final: no me la calo más. Tengo el firme propósito de asumir quien soy, con todos mis problemas, inseguridades, carencias, excesos (esa es la parte divertida, de esos nunca me avergüenzo), y para colocar la cereza del pastel, me comprometo firmemente a dejar de analizar si decepcioné, decepciono o decepcionaré a alguien. A final de cuentas, cada quien se creó sus expectativas solito o solita (con algo de ayuda mía, es verdad, pero... bueno, no quiero esa responsabilidad y no la tomo... ya, ¿ven qué fácil?). Tal vez, he de reconocer, toda esta actitud de I-don't-give-a-damn no es más que otra artimaña de mi mente para volverme a componer la misma máscara de la que hablaba... Pero en el fondo creo que no es así, porque estoy confesando abierta y públicamente que I DO GIVE A DAMN! Sólo quiero seguir adelante sin que esa give-a-damn-itud me continúe afectando en mis relaciones sociales, públicas, privadas, interpersonales, económicas y globales.

Entonces, volvamos al principio. ¿En qué estaba? El motivo original de esta nota es que he estado posponiendo escribir sobre mi partida de Venezuela. Después de muchos años de planificación (o, más correctamente, de correr la arruga por temor), sucumbí a una tentación que había tenido desde niño. No crean que estoy quitándome la edad: cuando el régimen político venezolano actual se instaló ya mis años de párvulo habían quedado atrás, atrasísimo. Pero resulta que esa idea de emigrar se me había instalado mucho antes, y si me pongo a hurgar el cuándo, creo poder llegar a mi más tierna infancia, cuando mi tío más querido se fue a estudiar a Bélgica, y yo, todo amor y admiración por él y su bohemio estilo de vida, fantaseaba con esos países y parajes que no había oído nombrar hasta entonces.

Conforme pasaron los años, esa fantasía se convirtió en sueño, el sueño en deseo, el deseo en planes fallidos, los planes fallidos en determinación... Y aquí estoy. A tres meses en Buenos Aires, no me he arrepentido.

Obviamente, hay mucha tela qué cortar en todo esto. Comenzando por quienes han pensado que me fui como parte de la oleada migratoria desatada por el gobierno actual, y pasando por el infame video de #MeIríaDemasiado -que, como tema, me parece algo gastado ya-, hasta quienes siguen pensando que la decisión no fue la más correcta. Pero esa tela no la voy a cortar yo, les dejo a libre elección agarrar sus tijeras y comenzar por su cuenta. Baste decir que no me fui huyendo, sino buscando, y buscando bastante. El tiempo dirá si lo que busco lo encuentro aquí, en otro lugar, o si, como Ángel la niña de las flores, terminaré encontrando la flor de los siete colores cuando retorne a mi origen, luego de haber recorrido innumerables lugares y tejido innumerables historias. Por ahora estoy aquí, y por ahora lo estoy disfrutando un mundo.

Mi próximo e inmediato objetivo es hacer nuevos amigos. En eso, créanme, puede ser una pesadilla volver empezar, pero se hace mucho peor con las limitaciones que impone la ansiedad social que ya describí... Una razón más para asumir el reto de dejarla atrás y mostrarme como mi versión mejorada: tímido, inseguro y defectuoso, pero feliz. Y para los amigos que ya tengo (y que, lejos de olvidar, me importan más y más cada día), también quiero asumir, como parte de este proceso, el compromiso de ir contando más a través de estas páginas, con más detalles y mayor frecuencia, pero no les quiero decepcionar, así que cuidadito con las expectativas :)

domingo, 30 de enero de 2011

Movie Time! - "Exit Through the Gift Shop"

Título en español: Salida por la Tienda de Regalos
Director: Banksy
Año: 2010
Protagonistas: Thierry Guetta, Banksy, Space Invader
***** (Clásica!)

Entonces, ¿quieren hablar de Zeitgeist, de capturar el sentido de los tiempos que vivimos, del arte imitando a la vida que imita al arte que imita a...? ¡Dejen de hablar de
Social Network y comiencen a hablar de Exit Through the Gift Shop! Este documental es imperdible para quien desee sentarse un rato a pensar sobre la naturaleza del arte, los artistas, la escena urbana y los medios. O simplemente, sobre lo complejos que nos hemos vuelto como seres humanos inmersos en una cultura de masas que valora la individualidad ante todo - ¡vaya contradicción! - con las consecuencias que han terminado marcándonos como generación: el ego exacerbado, el querer ser tan distintos y únicos que terminamos haciendo todos lo mismo -la unidad en la alteridad y viceversa-, y el creernos con derecho a opinar sobre cualquier cosa y a juzgarlo todo, el creernos tan importantes que queremos dar cuenta de t
odo lo que pensamos como si a alguien le importase (bienvenidos a mi blog, por cierto).

Tal vez como documental es cualquier cosa: rodaje abundante inteligentemente editado y musicalizado. Pero su mayor mérito es que no da respuestas. En un mundo donde los medios se encargan constantemente de digerir la información antes de que llegue al público para entregársela procesada, como papilla, indicándole qué pensar, cómo opinar y qué carril seguir, este documental honra su propio eje central, la contracultura, rebelándose contra ese pre-procesamiento de la información. ¿Qué hace a un artista "legítimo"? ¿Quién decide qué es arte? ¿Dónde está la frontera que separa la cultura de masas de la subcultura o contracultura underground? Son tiempos confusos, cada quién tiene derecho a su propia opinión, y el espectador asiste a esta exposición de puntos de vista casi sin filtro, para decidir por sí mismo cuál respuesta prefiere. Incluso, puede no preferir ninguna. Todo vale, vale todo.

Suprema ironía la acogida de la crítica y el público: legitimar este documental comercialmente y hacerlo mainstream. ¿Pero qué otra cosa podría esperarse? En estos tiempos no hay nada tan corriente como la contracorriente. Sería divertidísimo ver a Banksy en la alfombra roja de los premios de la Academia, luciendo un hoodie custom-made by Prada. Claro está, todas estas reflexiones hacen obvio el por qué del éxito de Social Network -que, viéndolo así, no me cabe la menor duda de que arrasará con los Oscar-: en lugar de pensar en todo esto, es mejor que alguien lo haga por nosotros y nos lo entreguen procesadito y empacado de forma atractiva. ¿Y quién dice que eso no es válido también? A fin de cuentas, "We are living in the age in which the pursuit of all values other than money, success, fame, glamour, have either been discredited or destroyed".

Sí, tal vez sobre-analicé la cosa. So?

viernes, 31 de diciembre de 2010

Measuring

Hoy, con muchas experiencias maravillosas y lecciones aprendidas, empaco mi mochila para emprender un año que se viene prometedor. Aunque esté acostumbrado a partir, a dejar partir, y a continuar mi camino en libertad, no me acostumbro ni me acostumbraré a dejar de agradecer a quienes me han acompañado en este camino. Gracias por su amor. Gracias por su comprensión. Gracias por lo que me han ayudado a aprender. Gracias por su compañía. Espero que quienes hoy me acompañan sigan a mi lado por mucho tiempo, para seguir construyendo. Construyendo. Construir. No me interesa otra cosa.

Y a quienes han dejado de acompañarme, igual gracias y buena suerte. Que no construyamos en plural no desmerece mi deseo de que sigáis construyendo. Cada quien en lo suyo, lo importante es ser felices. Y como no soy tan zen, a quienes dejaron de acompañarme porque les emociona destruir mucho más que construir o ser felices: fuck off, bitches! No tengo tiempo para eso.

Hoy cierra un año maravilloso, y una vez más tomo prestadas las palabras de Jonathan Larson para contar mis bendiciones y desear que todos hagan lo mismo...

Remember the love!
Measure in love - Measure your life in love!




miércoles, 15 de diciembre de 2010

Tonight

If I were to die tonight, I'd be the happiest guy on earth. I have the best pictures I could have taken, and the best friends I could have made... the best family I could have chosen. I love. Love.

domingo, 28 de noviembre de 2010

El Derecho a Cambiar (The Show Must Go On!)

Han ocurrido tantas, tantas cosas desde mi última vez frente a esta página, que hoy la retomo con una nueva perspectiva. Hoy me he levantado con la necesidad espiritual, mental y hasta física de escribir y comunicar, de abrir la puerta nuevamente y dejarles entrar luego de una muy necesaria reclusión en mí mismo. Y hay algo tan crudo, tan salvaje y tan instintivo en esa necesidad que me sorprende y me abruma, y la pienso dejar fluir con la misma naturalidad con la que ha venido.

Quienes me conocen saben, quizás hasta mejor que yo, que mi temor al cambio ha sido una variable demasiado constante en mi vida, y me ha impedido avanzar en muchas direcciones y ámbitos. Pues bien, en estos últimos meses, ante mi propia incapacidad de abrazar el cambio, ha sido el cambio quien me ha abrazado, tan fuertemente y con tanto amor, que finalmente lo he aceptado. Creo que nadie puede reprocharme la necesidad de dar un paso atrás (o hacia adentro) para tratar de digerir en silencio antes de volver al mundo exterior, para intentar comprender y comprenderme un poco mejor, para internalizar aquello que Heráclito hace tanto advirtió: que lo único constante es el cambio.

Con profunda humildad, agradezco a quienes me han acompañado en este trayecto, a esa suerte de espíritus guías, esas personas que permanecen a mi lado y conectadas a mi corazón - estén cerca o estén lejos-. Tal vez les haya apartado momentáneamente de mi vista y de mi espacio, y tal vez no he elegido las mejores maneras. Con toda certeza, he sido un tirano, un egoísta y, en resumidas cuentas, una mierda... pero ni por un segundo han dejado de habitar en mi corazón, y ni por un segundo he dejado de reconocerles como detonantes de este muy necesario cambio. Gracias. Creo haber crecido, creo ser una mejor persona que ayer, y tengo la energía, la voluntad, la disposición y la necesidad de continuar siendo la mejor versión de mí mismo que pueda ser. Por mí, por ustedes, y por los que vienen.

Con la misma humildad, agradezco la presencia de los nuevos personajes que han venido a formar parte del elenco de este show que ha cambiado un poco el rumbo (aunque espero conserve un poco de su sazón). Sólo tengo razones para sonreír, reconociendo en cada una de esas historias nuevas una prueba más de que nada es casual.

El temor ha quedado atrás. El cambio no termina. Carajo, ya lo dije: es lo único constante, y así lo acepto! Más que aceptarlo, he decidido ejercerlo como un derecho. Con un pie en el futuro, the show must (and will) go on!

martes, 17 de agosto de 2010

El Color Rojo

La historia de la humanidad está llena de símbolos que comenzaron significando algo positivo, y por antojo de algunos pocos terminaron degenerando en significados muy distintos. Tomemos el ejemplo de la esvástica: un símbolo auspicioso con una historia que data de al menos 5,000 años antes de que los movimientos ultraderechistas lo adoptaran como propio poco después de finalizar la Primera Guerra Mundial, y antes de que su uso fuese ineludiblemente vinculado al partido Nazi alemán durante la Segunda Guerra Mundial. En este caso, bastó mucho menos de medio siglo, una sola generación, para convertir un símbolo de buena fortuna de miles de años, en identificador de una de las cáfilas más abyectas y aberradas conocidas por el hombre.

Del mismo modo, pocos años han bastado para que el tropel bárbaro que controla nuestro país se haya adueñado de un color tan hermoso como es el rojo para convertirlo en símbolo de su propio resentimiento. El rojo, un color tan poderoso, que excita el ánimo de quien lo viste, que ha simbolizado por siglos las más nobles pasiones humanas. El rojo, que ha representado el poder desde tiempos del Imperio Romano, que ha pintado nuestras banderas en virtud de la sangre derramada por nuestros próceres. El rojo, color del Muladhara Chakra, el nivel más básico e intenso de energía... en manos de quienes se hicieron del poder para corromperlo aún más, de quienes se hicieron de las instituciones para destruirlas, de quienes se hicieron del país para hundirlo. Como una gangrena, se han ido adueñando de todo cuanto encuentran a su paso para volverlo carroña, y hemos asistido a este infecto festín con absurda pasividad.

Hoy he decidido dejar esa pasividad a un lado y comenzar a recuperar lo que me han arrebatado, paso a paso. Y llámenme superficial, pero he decidido comenzar por el color rojo. Un gesto pequeño, aparentemente inofensivo, pero en lo profundo de mi ser y mi consciencia, un gesto tan simbólico y poderoso como la Toma de la Bastilla.

¡El rojo es un color, inexpropiable e irrenunciable!


(Con agradecimiento a Alex Rengel por la foto)

miércoles, 17 de marzo de 2010

Evita y la necesidad de justicia


Si hay algo que me ha sorprendido en Buenos Aires es la presencia tan fuerte que sigue teniendo Eva Perón en la vida política. Mi admiración por el personaje nunca ha sido secreta, pero creo que no había imaginado que tuviese tal peso en la sociedad argentina tantos años después. En mi mente, era una una vieja figura política inmortalizada como icono cultural, pero estando acá veo que es mucho más que eso, y va desde ser utilizada como bandera partidista (sí, todavía), hasta su permanencia intacta en la memoria de toda una generación de argentinos que recibieron en algún momento un juguete, una bendición o un trozo de pan de la inmortal líder.

Así, mi admiración ha llegado a límites casi obsesivos, y he dedicado buena cantidad de horas a escudriñar los lugares relacionados con su historia, los museos dedicados a su memoria, los objetos, los libros, los videos... No hago más que preguntarme cómo tuvo y sigue teniendo tal arraigo entre tanta gente -más allá del obvio alcance de la propaganda-.

Por supuesto, un recorrido por las calles de Buenos Aires revela una cantidad de razones que hacen más comprensible la veneración casi religiosa de Evita, y más todavía, la inclinación del pueblo argentino -y latinoamericano, en general- hacia las ideologías de izquierda: con tanta miseria se convieve a diario en estas ciudades, que es imposible no darse cuenta de las profundas injusticias inherentes a nuestro sistema político y económico.

Son demasiados los que el capitalismo radical ha dejado por fuera. Y mientras es obvio que el socialismo clásico y sus variaciones latinoamericanas no son la solución, no es menos evidente la necesidad de un paradigma alternativo que siente las bases para una justicia social real y efectiva, que sin quitarle la responsabilidad al Estado como ente regulador, no lo convierta en el ente dadivoso y paternalista que siempre, invariablemente, termina por justificar el personalismo político en nuestras sociedades -tal como ocurrió con Perón y Evita, y su gran maquinaria propagandística-.

En medio de una necesidad de justicia social tan real, inmediata y desesperada, los pueblos se convierten en tierra fértil para la siembra de ilusiones, que tarde o temprano terminan engullidas por el monstruo del poder desmedido y sin control, y por la fuerza arrebatadora de populismos mesiánicos que, al final, siempre terminan en la mayor de las ruinas. Es por eso que la historia latinoamericana siempre termina tiñéndose de frustración y, consecuentemente, de sangre.

Seguimos en la búsqueda de una solución...

domingo, 10 de enero de 2010

Welcoming / Bienviniendo (porque ese verbo existe en mi mente!)

As I welcome a new year, I've been trying to summarize the lessons learned in the previous one, in order to extend bridges to the future more effectively and with a deeper conscience. More than a list of goals, this year begins with a strong intention -and I want to thank Thomas for his words, which resounded in my mind as they expressed that intention quite clearly-: I want to try "something completely new; existing in the flow of effortlessness vs. the mediocrity of control". Yes, I do have plans. But I also have a newly-acquired conscience that life happens no matter what those plans are, and that is why it is necessary that I remain flexible. After all -and remembering another conversation with Thomas- frustration comes from not acknowledging the fact that life has its own route, and from our lack of flexibility before that fact. It is in the present that I want to live, it is the wonders of the present the ones I want to enjoy, and I'll adjust my sails as the wind blows. Just as I suggested my dear friend, I will take big bites, but I'll chew with delight and I'll appreciate all the flavors before I swallow.

Channeling Rent one more time: "I trust my soul, my only goal is just to be (...) Give in to love, or live in fear; no other road, no other way, no day but today".

*********************************************

En el despertar de un nuevo año, he estado intentando resumir las lecciones aprendidas en el previo para extender puentes hacia el futuro con mayor conciencia y eficacia. Más que una lista de metas, este año comienza con una firme intención - y agradezco a Thomas por sus palabras que retumbaron en mi mente por la claridad con que expresan esa intención-: quiero intentar "algo completamente nuevo: existir en la fluidez de lo natural, en lugar de la mediocridad del control". Sí, tengo planes. Pero también tengo una recién adquirida conciencia de que la vida ocurre independientemente de ellos, y por ello es necesario que permanezca siendo flexible. Después de todo -y recordando otra conversación con Thomas-, la frustración viene de no reconocer el hecho de que la vida tiene su propia ruta, y de nuestra falta de flexibilidad ante ese hecho. Es en el presente que quiero vivir, son las maravillas del presente las que voy a disfrutar, y ajustaré mis velas según sople el viento. Tal como lo sugerí a mi querido amigo, voy a morder bocados grandes, pero masticaré con deleite, apreciando los sabores antes de tragar.

Sintonizando una vez más Rent: "Confío en mi alma, mi única meta es sólo ser (...) Ríndete al amor o vive en el miedo; no hay otro camino, no hay otra vía, no hay otro día sino hoy"



jueves, 31 de diciembre de 2009

Closing the season



525,600 minutes,

525,000 moments so dear.

525,600 minutes - how do you measure, measure a year?

In daylights, in sunsets, in midnights, in cups of coffee?

In inches, in miles, in laughter, in strife?

In 525,600 minutes - how do you measure a year in the life?

How about love?

How about love?

How about love?

Measure in love.

Seasons of love.

525,600 minutes!

525,000 journeys to plan.

525,600 minutes - how can you measure the life of a woman or man?

In truths that she learned, or in times that he cried?

In bridges he burned, or the way that she died?

It’s time now to sing out, tho the story never ends

let's celebrate remember a year in the life of friends.

Remember the love! - You've gotta remember the love!

Remember the love!

Remember the love!

Measure in love - Measure your life in love!

Seasons of love!

Seasons of love.

martes, 29 de diciembre de 2009

La ruptura - "Con onor muore chi non può serbar vita con onore"

Como Butterfly, una relación que no puede vivir con honor, con honor debe morir. Es natural querer cerrar los ojos e intentar aferrarse, pero dar la espalda a la realidad es inútil: la realidad sigue ahí, los ciclos se cierran, y hay que avanzar.

A fin de cuentas, y como le comentaba recientemente a un familiar, la naturaleza de las relaciones es la mismísima naturaleza humana: nacen, florecen, crecen, maduran y mueren. Caer en cuenta de ello puede ahorrarnos unas cuantas lágrimas, o al menos evitarnos esa parte de la frustración que se fundamenta en la ilusión de que las relaciones pueden ser para siempre. Y no por ello hay que dejar de experimentar. ¿Acaso es preferible no vivir, sólo por el hecho de que la muerte es parte de la vida? Entonces, ¿para qué ofuscarnos pensando que es mejor no volver a amar?

Duele, por supuesto, sobre todo por ese empeño que tenemos de querer perpetuar lo que alguna vez fue bueno. Pero el dolor no puede superar la emoción por descubrir qué es lo que sigue, porque invariablemente la vida sigue, y trae nuevas y emocionantes experiencias. De eso se trata: de seguir adquiriendo herramientas para los nuevos retos, de seguir avanzando, de soltar lo que ya se ha vuelto pesado y conservar sólo las lecciones aprendidas.

"Va, gioca, gioca!"

sábado, 26 de diciembre de 2009

Silencio


Quiero estar en silencio,

arrastrarme en la quietud de mis horas

y dejarme atormentar por mi propia voz,

esa voz que llama desde adentro,

que me invita a jugar con el prohibido placer

de saberme insatisfecho.

Quiero estar en silencio,

acorralado, amordazado, secuestrado por mis propios pensamientos,

por mis dulces miserias, mis encantadoras amarguras,

hilando tristemente un manto de hielo,

cobijándome con mis desengaños,

alimentándome del vacío, descubriendo mis carencias.

Quiero estar en silencio,

adentrarme en el abismo,

encontrar a mi única fiel compañera, la soledad,

y ofrecerle lo que queda de mí,

y abrazarla, y tomarla, y volverla a amar,

y dormirme en sus brazos

Quiero estar en silencio,

y llenarme de mis ruidos,

descubrir el gélido palpitar de mi corazón adormilado

hasta sentirlo retumbar con sonora tensión,

y burlarme de él, burlarme de su intento,

sólo burlarme, decirle: ¡estás muerto!

Quiero estar en silencio,

deslizarme hacia el febril frío de mi silencio,

y hacer silencio,

y gritar silencio,

y comer silencio,

y llorar en silencio.

R.Wildman - Agosto 2003 (Más vigente imposible)

jueves, 22 de octubre de 2009

domingo, 18 de octubre de 2009

Live, from New York, it's The Wildman Show!


So... el satori que estaba esperando nunca llegó -pero era una cuestión de expectativas, no puedo acelerar la transición, ni siquiera "huyendo" a casa-. Sin embargo, como siempre, New York siempre está llena de pequeños descubrimientos y momentos mágicos que le dan a cada visita un sabor distinto y especial, y hoy quiero compartir algunos de esos descubrimientos -que funcionan además como tips para quienes buscan una experiencia un poco distinta a la del turista promedio sin salirse mucho del presupuesto-.

Para ver - The High Line: Un paseo vanguardista ubicado en el Meat Packing District, rodeado por el contraste visual de estructuras antiguas casi en ruinas y nuevas edificaciones de inspiación modernista. La belleza simple e impecable de este lugar es perfecta para tener algunos minutos de paz e inspiración contemplativa en medio del ritmo consabidamente frenético de la gran ciudad. Apenas se ha culminado una porción de esta suerte de parque, que promete convertirse en el lugar mas chic para ver y ser visto, pero no por ello se debe dejar de visitarlo (más bien, por el contrario, hay que aprovecharlo mientras es una joya relativamente desconocida).

Para degustar - Bodhi Tree Restaurant: En medio de la enorme y variopinta oferta gastronómica de NYC, encontrar un lugar como este quizás no resulte sorprendente, pero no puedo evitar hacer un comentario al respecto. El local es bastante sencillo, sin grandes pretensiones, pero indudablemente acogedor y agradable. La comida... YUMMMM! Deliro por la comida Thai, pero esta es particularmente buena. Sabores fuertes en la proporción precisa: langostinos en Panang Curry, dumplings en salsa de maní, spicy fish cakes, spring rolls deliciosos y un Sake-cosmo para recordar. Y la mejor parte: la cuenta no será un monstruo de temer, especialmente si se aprovechan las promociones de almuerzo -desde las 11:30 am hasta las 4:00 pm- (dos entradas y un principal por $7, tragos por $3... y no, no estoy bromeando).

Para cocinar - Las especias de Sanctuary T: Sanctuary T es otro restaurante, nada memorable, excepto por un detalle: tienen a la venta las especias que utilizan, unas maravillas en polvo hechas con té, sea verde, rojo, negro o blanco, que pueden llevarse a casa para experimentar un poco en la cocina y convertir cualquier comida en algo digno del mejor chef.

Para admirar - Museo Noguchi: Un poco alejado de los grandes museos que abundan en Manhattan, luego de un breve paseo en metro hasta Queens, se encuentra este oasis de diseño dedicado a la obra de Isamu Noguchi. Un espacio limpio, tanquilo, sin las hordas de turistas que pululan en el Met, el Guggenheim o el MoMA. Un momento de admiración por un modesto diseñador que supo hacer suspirar a las piedras, a la madera, al concreto y al metal.

Para comprar - Hell's Kitchen Flea Market: Para los amantes de los tesorillos de segunda mano, el mercado de las pulgas de Hell's Kitchen debe ser el paraíso. Uno puede pasar horas y horas entre tarantines que ofrecen cualquier cosa: ropa, joyas, cristalería, juguetes, mobiliario, parafernalia militar... cualquier cosa. Incluso sin comprar nada, vale la pena meter la mano entre tanta cosa vieja y dejarse llevar imaginando la historia detrás de cada objeto.

La iluminación y otras masturbaciones mentales cruciales pueden esperar... o nutrirse de las experiencias nuevas. A fin de cuentas, de eso se trata todo: de ver, imaginar y absorber. De abandonarse sin temor y sin pudor para encontrar en la experimentación sensual el camino hacia el conocimiento propio.

lunes, 5 de octubre de 2009

De regreso

Al regresar de Bagdad, los días se hicieron algo extraños. Baste decir que tengo una deuda de al menos tres o cuatro posts, que con algo de tiempo verán luz. No es falta de creatividad lo que me ha atacado, ni falta de cosas qué decir. Más bien diría que ha sido falta de tiempo para asimilar. Todos a veces entramos en períodos de transición, y sentimos la necesidad de retirarnos de todo y de todos para digerir y planificar, y sólo entonces emprender. Desafortunadamente, las complicaciones de la vida moderna se atraviesan en el camino. Como diría John Lennon, "Life is what happens to you while you're busy making other plans"... Pero siempre he pensado que las oportunidades no se presentan solas, y es por eso que decidí buscar mi espacio y tiempo (aunque breve) para reorganizar mis ideas y prioridades.

Ahí es cuando Rhett Butler viene a mi mente, y sus palabras a Scarlett O'Hara:
"You get your strength from this red earth of Tara. You're part of it, and it's part of you."


Y sin ninguna intención épica, me voy a adueñar de las palabras de Scarlett O'Hara:

"Tara! Home. I'll go home. And I'll think of some way to get him back. After all... tomorrow is another day"


... Con mi propio twist:
"New York! Home. I'll go home. And I'll think of some way to get my indomitable spirit back. After all... tomorrow is another day".

jueves, 25 de junio de 2009

Del amor paterno


Muy a propósito del día del padre –aunque con algo de retraso—, en los últimos días me ha llamado la atención la manera que tienen los padres de referirse a sus hijos por estos lados. No sé si tenga algo que ver que en las últimas décadas los padres hayan estado más crecientemente involucrados en la crianza de los hijos de lo que estaban antes, o si sea sólo la distancia, esa inigualable potenciadora de la nostalgia. Lo cierto es que nunca había notado de manera tan contundente cuán profundo puede ser el sentimiento paterno.

Vale la pena aclarar que, por razones bastante obvias, en Bagdad estoy rodeado de hombres cuyo único común denominador es, además de trabajar para la misma organización, que están separados de sus seres queridos. De resto, y como sugería en mi post anterior, la heterogeneidad no puede ser mayor. Es por eso que se me ha hecho curioso que padres de culturas tan distintas, con valores, religiones, costumbres y esquemas de vida tan diversos, tengan los mismos gestos amorosos al referirse a sus hijos. Ningún otro sentimiento se compara, sólo el recuerdo de esos hijos que esperan en casa, invariablemente, les ilumina la mirada y elimina cualquier barrera de entendimiento posible. Hablar de los hijos dibuja sonrisas incluso en los rostros más endurecidos por las circunstancias, e incluso las inflexiones de la voz adquieren un tono distinto.

Quizás sólo estoy acostumbrado a ver ese tipo de gestos con mucha mayor vehemencia en una madre, y sólo ahora he afinado la percepción y puedo entender las sutilezas del discurso paterno… Sea como sea, siento que en estos días he aprendido bastante de la fuerza de ese vínculo, y evidentemente he extrañado intensamente a mi padre. Este repentino sentimiento me ha tomado por total sorpresa, y no me tomen a mal, a mi padre siempre lo he querido, pero creo que es apenas ahora que entiendo la magnitud del amor de un padre, y no puedo dejar de imaginármelo hablando de mí y de mi hermana con es mismo brillo en los ojos. Basta pensar en eso para disipar la duda que subyace, casi escondida, en una expresión como “espero que esté orgulloso de mí”, y convertirla en una certeza irrebatible: mi papá está orgulloso de mí, y yo lo estoy de él.

domingo, 14 de junio de 2009

The Wildman Show - Baghdad Edition

A poco más de una semana de haber llegado a Bagdad, no puedo evitar pensar en los muchos temores que marcaron los días precedentes. Hoy sólo puedo pensar en lo acertada que fue la decisión de venir. La experiencia que me hubiese perdido de no haberlo hecho, hasta ahora, ha sido una maravilla difícil de encerrar tras las barreras del discurso. Es increíble que el temor a lo desconocido casi me impidiera emprender esta aventura, pero supongo que es algo natural. Algo similar debe ser lo que ocurre con la muerte: tal vez lo que sigue es algo extraordinario, y es el no tener certeza lo que nos aterra… pero eso es tema de otra discusión. Por ahora, y para no extenderme demasiado, me limitaré a enumerar impresiones.

Lo bueno –
La mezcla de culturas: nunca hubiese imaginado las muchas similitudes entre la política de Uzbekistán y la venezolana, o lo cosmopolita que puede ser Madagascar, o que aprendería algunas frases en swahili directamente de un maasai. Esto es Babel, y vivirlo me hace sentir que nuestro entorno inmediato es más pequeño de lo que a veces creemos, y que todo aquello que nos molesta en él tiene la importancia que nosotros mismos le demos, ni más ni menos.

Lo malo –
La naturaleza inclemente: No puedo parar de preguntarme cómo es que la civilización comenzó por estos lados, porque el calor es tal que no puede uno explicarse quién se pudo poner tan creativo como para inventar un cuerno. Aparte, la arena omnipresente… en el suelo, en los muebles, en el aire, en la piel… No es por ser quejón, pero a ratos pienso que en realidad la naturaleza es simplemente inmisericorde en este rincón del mundo.

Lo feo –
La tristeza y la impotencia: Bagdad como ciudad debió ser muy hermosa hasta hace muy poco. A pesar de enclavarse en el entorno más árido imaginable, en su arquitectura se hace notorio un desarrollo estético nada despreciable. Encontrar tal belleza convertida en ruinas a causa de una guerra inexplicable es lamentable. Por otro lado, observar la ligereza y la impudicia con las cuales se manejan los recursos en estos lares simplemente da rabia. En medio de una crisis económica desastrosa, esta gente (y todos sabemos de quiénes hablo) sigue derrochando dinero e ignorancia a manos llenas, como si aun no se dieran cuenta de la magnitud del problema en que están metidos, ni de la importancia de la responsabilidad individual en este entuerto. El mundo se puede estar cayendo, y estos andan preocupados porque no hay opciones “kosher” para almorzar, o porque "los muebles son muy feos, volvamos a cambiarlos y botemos los que hay"… El mundo que termine de caerse, o que se adapte a nosotros, mmm'kay?.

Lo entretenido –
Las tonterías que me divierten: una lata de refresco “de las viejas”, o cualquier producto con el nombre en alfabeto árabe. Un libro que se lee al revés. El cántico que sale de los altoparlantes de una mezquita cercana los viernes por la tarde. Cosas sencillas que me arrancan una risita tonta o una expresión de asombro, que me hacen gracia o me remontan a memorias olvidadas… ¡y que ponen de manifiesto que en el fondo soy sólo un niño grande!

Lo que se extraña –
La naturaleza verde y salvaje de Caracas: Sí, se extraña a la familia, a los amigos, y el aliento de quien uno ama, pero bastó ver una fotografía del Ávila, verde, majestuoso, salvaje y fértil, para darme cuenta de que no sólo se extraña a la gente. ¿Estoy demasiado insistente con el tema de la arena? Me hace falta el color…

Lo que se aprende –
No, no puedo resumir esto en un parrafito. En un tiempo muy breve, es mucho lo adquirido, comenzando por el descubrimiento de características personales que ni siquiera sabía que existían, que han despertado y han tomado el control de manera abrumadora. Es injusto que trate de resumirlo… Lo que aprendo me lo quedo, y quienes me conocen profundamente lo irán descubriendo poquito a poco. Por lo pronto, la mueca de terror contenido que algunos vieron cuando me venía ha sido sustituida por la sonrisa de quien sabe que, no matter what, todo va a estar bien.

domingo, 31 de mayo de 2009

El Miedo

El miedo paraliza. El miedo ataca y punza, convirtiéndose en un freno a muchas de las cosas que uno quiere alcanzar. En los días que han precedido mi partida a Bagdad, me ha dado por reflexionar al respecto, y una de las muchas preguntas que me han acechado es por qué hay semejante estímulo a la valentía en nuestro mundo. ¿Qué importa que sea cobarde? A estas alturas de mi vida, no siento que deba demostrar nada a nadie, y si a todos los que me rodean les provoca pensar que soy irresoluto y temeroso, bien pueden hacerlo con toda confianza. No me importa. Tener miedo es sano. El miedo me ha impulsado a evitar ciertos riesgos innecesarios. El miedo es parte de mí. El miedo a veces salva.

El problema empieza cuando los temores no sólo influyen en la percepción que los demás tienen de mí, y empiezan a mellar mi percepción de mí mismo. Y es que ya me he cansado de renunciar a mis sueños (aunque suene novelesco), porque simplemente no me atrevo a dar los pasos necesarios para alcanzarlos.

Es por ello que puedo decir con absoluto conocimiento de causa que una de las razones que más peso tienen para decidirme a emprender esta aventra es, precisamente, el miedo. El miedo a seguir negándome a conocer lo desconocido. El miedo a seguir paralizado. El miedo que debo vencer.

No, no me he vuelto valiente de la noche a la mañana. Es sólo que, con el pasar de los años, la conciencia de que la vida es una sóla y es cortísima va creciendo vertiginosamente, de manera directamente proporcional a las ganas de aprovecharla y vivirla al máximo. Si lo primero que debo combatir es el miedo, así será. Voy a abrazar mi destino con la confianza plena de que algo nuevo aprenderé, aquí, allá, o más allá. Sin miedo. O cabalgando sobre él.