lunes, 16 de marzo de 2009

"Du sublime au ridicule il n'y a qu'un pas", o el quid de este show

Tras haber culminado mi post anterior, no podía dejar de atormentarme: ¿es posible que mi único talento se limite a sobre-analizar mi propia estupidez? ¿Cómo puede un evento tan fútil ser sujeto de semejante reflexión?

Es entonces cuando la respuesta vino a mi, casi como una iluminación, un inesperado satori en medio de la noche, y comprendí incluso el por qué (o, más bien, el para qué) de este blog.

Existe una pregunta que siempre me ha perseguido a lo largo de mi vida, y que una lejana (pero muy vívidamente recordada) conversación con mi querida amiga Ana Elizabeth me ayudó a esbozar en mi mente hace ya varios años: ¿Por qué el mundo espiritual y el mundo material deben estar divorciados? Tal parece que una educación religiosa (y esto es tan cierto para los católicos como para la mayoría de las religiones) tiene el fin primordial de convencernos de que ser profundamente espiritual se opone de manera diametral a una vida terrenal relajada y concupiscente. Con el perdón de quienes aun lo creen así, si de algo me ha servido mi corta vida ha sido para aprender que ese principio es falso... ¡y vaya que he derramado unas cuantas lágrimas para comprenderlo!

Pues bien, no pretendo ahondar demasiado en el tema, suponiendo que en el futuro podré hacerlo a mis anchas. Baste decir que, en medio de mis permanentes reflexiones sobre la naturaleza de la vida, y de las estrechas relaciones entre lo material y lo espiritual, he terminado por pensar que las cosas son mucho más simples de lo que la mayoría quiere hacernos creer. Tienen que serlo.

¿Por qué vivir la vida tan en serio? Al final, la vida se trata de aprovechar cada experiencia para adquirir herramientas y luego usarlas, mas no hay por qué hacerlo de manera severa. Es cuestión de cómo uno se aproxima al hecho vivencial. En lo personal, no me tomo a mí mismo tan en serio, o por lo menos estoy en el perenne intento de hacerme la vida más sencilla. Tengo derecho de ser tonto a ratos, o frívolo, o irrelevante. A fin de cuentas, la frivolidad es, también, una forma válida de elaboración intelectual.

Entonces, ¿para qué el bendito blog? Simple: para compartir ese derecho inalienable de trivializar lo profundo y de profundizar en lo trivial, y para buscar a través de este tipo de reflexiones esos mensajes simples y positivos que nos ayudan a llevar la vida de una forma más relajada. Al fin y al cabo, nada es más efímero que esta vida seriesísima, y ya el ambiente es suficientemente hostil como para que también nosotros saquemos el látigo y nos sigamos autoflagelando, buscando más complicaciones de las que ya tenemos.

Es por eso que aquí se vale ser superficial, sobre-analítico, despreocupado o quisquilloso. Aquí se vale un comentario de cine (¡de esos esperen bastantes!), o una reflexión trascendental. Aquí se vale la opinión desinformada, o la erudición extrema y heavy metal (bueno... tampoco tanto). En fin... ¡este es mi blog, carajo, y se vale toda vaina!

4 comentarios:

Rafael Valladares de la Santa Cruz dijo...

Bueno, no todas las religiones están tan alejadas de lo material, los judíos, por ejemplo, creen en la prosperidad, los chinos también.
Grandes pensadores han estado a favor de lo frívolo puesto que está claro que la frivolidad es el único medio para escapar de los fanatismos, que a fin de cuenta son taaaan aburridos.
Saludos
Víctor Molina Valladares

Anónimo dijo...

Algunos deberían aprender a vivir de una manera más sencilla, sin pretesiones, sin apariencias. Que triste aquellos que no son libres de si mismos. Ahh ueee, y a mi qué me dió? Me encanta, gracias por escribir.

Irene L. Gonzalez R. dijo...

I-L-O-V-E-I-T-!

Yolanda dijo...

sencillamente: BRILLANTE!!!!!